Cuando los astronautas del Apolo 11 pasaron tres semanas en un búnker de la NASA un rato a los «bichos de la luna»


Aunque es del agrado de la historia de la NASA y los pioneros especiales de Sail XX, es probable que el nombre de Terry Slezak sea aún más conmovedor. Normal. Slezak no es astronauta, ni científico, ni político. Tu tarifa consiste en estar en el lugar correcto en el momento correcto, tomar boyas instantáneas y cargar imágenes de la NASA. Su rol: fotógrafo.

Y sin vergüenza Slezak protagoniza uno de los episodios más curiosos de la crónica especial. No por su obra, tampoco, como con la lluvia de meteoros que cometí hacia el verano de 1969 mientras trasteaba con el material que habían tradi de la Luna los tripulantes de Apolo 11.

eso si el más consistente.

Cubierto con el polvo lunar

Durante sus visitas a Luna Neil Armstrong y Buzz Aldrin, se dedicó a fotografiar y agarrar todo, acumulando letreros que etiquetaban, custodiaban y alteraban para su estudio en las oficinas de la NASA. Debido a que se colocó en su área, sin embargo, uno de esos cartuchos terminó estampado contra la superficie del satélite y embebiéndose de polvo.

Polvo lunar, claro.

El éxito no ha sido lo más importante. Los astronautas recuperarán el cartucho corrugado, lo archivarán junto con el resto de los carros y añadirán una nota —escrita en hombre por la profecía de Aldrin— en la que unas mujeres desean estudiar el material de las instalaciones de la NASA que en realidad es hormigón contaminado y debilitado con un caldero especial; pero …

… Pero Slezak, una de las técnicas que resume el marco de manipulación del archivo gráfico del Apolo 11, no el vio y acabó con variantes dedicadas a un lema negro como el carbón. Medio siglo puede entonces realizar una tarea que no entra en la categoría de la llamada anécdota; pero en 1969 las cosas eran claras y acuosas activado las alertas de la agencia especial.

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Terry Slezak, en el Laboratorio de Recepción Lunar, demuestra su mano de pólvora lunar.

Cuando la NASA fue a ver qué le pasaba a Slezak, estaba solo en la sala de trabajo que compartía con el resto de sus compañeros, haciendo fotos, diseccionando, cojeando por la zona con sanguijuelas y estando solo. proceso de discontinuación.

En medio del accidente y el percance de que el polvo cubra la pelicula —que en realidad es la preocupación, asegurando más pizarra Slezak— el bien del fotógrafo está cerca. 24 horas sin dormir.

¿Todo para polvos en polvo?

Todo para polvos en polvo.

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La «factura» que Tuve pagó a Slezak no se avergonzó de ser comparada con las propuestas de Armstrong, Aldrin y su socio en Apolo 11, Michael Collins. Para regresar a Tierra después de su misión, los tres campos que infestan una escapada islandesa, los conocidos como BIG (Biological Isolation Garments), desinfectan la conciencia y sometere a una cuarentena de tres semanas durante los chequeos medicos y miro con lupa lo habian traido de la luna.

Por cierto, los compañeros de Armstrong verán la cinturilla. El primer hombre que orinó en la Luna fue una leyenda, un mito en vida; pero es necesario abastecer las 39 grandes ventanas rigurosas.

¿Qué? Pues por la misma razón que la trayectoria de Slezak con el polo lunar activó los protocolos de seguridad de la NASA, una razón de peso: el medio al que el equipo y la tripulación del Apolo 11 habían retrocedido con microorganismos extraños o patógenos capaces de disponer la seguridad de la Tierra. Como exclama líricamente con ironía Aldrin, los científicos querianos confirman que no quería entregarse a su aventura de selenio cargada de «Luna’s Bichos».

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Los astronautas del Apolo 11, enrolados en el equipo BIG, pasaron por regresión a Tierra.

Con el Apolo 11, la humanidad primero interactúa directa e intencionalmente con la superficie de otro objeto del universo y, por lo tanto, cree la NASA, bien lo merece para maximizar la seguridad. El debate sobre si debemos actuar sobre la regresión de Luna y manejar el material lo rastrearíamos en 1963, con el Comité Interagencial sobre Contaminación de la Espalda, y al que en julio de 1969 el Mandato de Columbia del mandato del Apolo 11 en América Hawái aguas staba ya lo suficiente pulido coma para aplazar con precisión militar.

Cuando el equipo de rescate de EEUU despidió a los tres astronautas de la cápsula Columbia, en el Pacífico, entraron en una trayectoria especial de aislamiento biológico (GRANDE), desinfectar y desechar una carta en un helicóptero de confinamiento en un módulo de cuarentena (MQF) junto a un médico y un ingeniero. Desde el interior, sin embargo, se recogen tres hilos en una calabaza chapada con el emblema de la Casa Blanca y hermético muelle, entrevistados por Richard Nixon.

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Se trata de un módulo modular, un generador generador de aluminio, baterías y un sistema de climatización que evita cualquier riesgo de contagio, dando al equipo un “hogar” provisional.

El espacio en el que el alcalde pasa parte de su cuarentena es el Laboratorio de Recepción Lunar de la NASA, en el Centro Espacial Johnson de Vuelos Triples, un búnker de 7.700 m2 milimétricos para que Aldrin, Armstrong o Collins lleven alguno. germen lunar no pudiese extenderse por el planet. Alli se sometió al escrutinio médico. Y Armstrong se vio obligado a suministrar las ruedas de sus 39 compañeros en una tarifa de cocaína por parte del personal del centro.

Para comodidad de la NASA, las pruebas confirman que tenemos algún riesgo. Ni en los tres astronautas, ni en los modelos que habían satélite del satélite y la agencia había manejado con un caldero similar. “Tenemos 21 jornadas en quarentena al regressar de la Luna. ¡La NASA necesita asegurarse de que la Tierra esté lista para posibles gérmenes lunares! por fortuna, no utiliza ‘bichos’ de la Luna«¡Solo se ha detectado un caso de aborto!»

Aunque la experiencia del Apolo 11 ayudó a dibujar algunos detalles del sistema —una de las razones por las que estalló el GRAN escándalo—, Armstrong y sus compañeros no condujeron solos las unidades durante una fase de islamización para regresar a Tierra. Como recuerda CNN, la NASA firmó un protocolo similar al Apolo 12 y 14; en las misiones 15, 16 y 17 simplificó el proceso para centrar en un chequeo médico. Hoy es un día caluroso para el programa Artemis.

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Los astronautas del Apolo 11, Armstrong, Collins y Aldrin, escuchan a Nixon desde el USS Hornet. La foto fue tomada el 24 de julio de 1969.

La pregunta es… ¿De verdad temían los científicos de la agencia que los trajesen astronautas consig germene de la Luna? en su libro ¿Estamos solos? Carlos Briones ficha a como en el Tratado del Espacio Exteriorestablecido en la ONU en 1967, varios años antes del Apolo 11, se dispone que los estados hiciesen lo necesario para «evitar la contaminación peligrosa y cambia la adversidad en el medio como resultado de la introducción de materia extraterrestre”.

La estampa más sensacional de los 60 años en este caldero y azuzó el miedo con títulos rocambolescos como El regresso de la Luna, problema bacteriológico isla ¿Cuáles son nuestras lágrimas por los viajeros de Luna?, un tono apocalíptico que llama a la sociedad. Entre la comunidad científica, la visión del problema es distinta: «En realidad, está muy preocupada por el posible riesgo asociado a los microorganismos del selenio, dados todos los datos prevalentes que indican la altísima probabilidad de que vivan en nuestro satélite», en su ensayo.

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Los casos probables no impiden el bochorno del equipo Apolo 11, que pasa sus primeras semanas de gloria y buena vigilancia, con Armstrong sumando 39 días de la complicación de Slezak de la jornada a pequeña escala con una luna pequeña.

Irónicamente, la historia ha mostrado la preocupación por otra gran distinción: que somos los humanos los que contaminamos otros lugares del universo durante nuestras exploraciones.

Imágenes | NASA



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