Además, una terminal terminal recibe un toque de queda. Ahora sabemos que estabas infectado con un virus porcino.


Tenemos meses, esperamos, que daremos un paso de gigante en el mundo de los xenoinjertos. Una terminal terminal ha accedido a convivir durante tres meses con una alfombra roja en la zona. Ahora hay que saber que, porque sabemos, la frase trasplante puede pasarle a un riesgo (muy conocido y, si acaso, posible): un virus porcino.


Un caballo recién llegado cantando en el campo. En enero, un equipo del Centro Médico de la Universidad de Maryland (EEUU) trasplantó una enfermedad coronaria genéticamente modificada a David Bennett, un norteamericano de 57 años que se sometió a una cirugía en su última oportunidad. Fue una operación realmente peligrosa. Sin embargo, dada la gran cantidad de avances que ha recibido con respeto, la FDA solo permite que las normas de «uso compasivo» precedan a la muerte del paciente.

Durante los primeros meses de este año, las declaraciones realizadas por la Universidad de Maryland fueron que la coronación de la iglesia funcionaba correctamente y que la parroquia de Bennett se recuperaba lentamente. Sin vergüenza, los principios de marcha sobre el imperio del estado de salud rápidamente y finalmente murmuran. Desde entonces, científicos de todo el mundo han estado esperando la primera información sobre la muerte para seguir los pasos de la planta de xenoinjerto.

El virus. El pasado 20 de abril, Bartley Griffith, carguero, donó un carbonero a la Sociedad Estadounidense de Trasplantes: que contabilizó el mundo tal como fue descrito. Según explicó, el análisis confirma que David Bennett estaba infectado con un virus citomegalovirus. “Estamos esperando saber por qué falló. Quizá [el virus] fue el actor, o podría ser el actor, que se desencadenó todo”, sentencia Griffit en MIT Technology Review.

Poco importado, de verdad. Tal y como recoge Rafael Matesanz, uno de los expertos en alcaldías españolas en El País, que en los años 90 implantó rinocerontes en Monzón, descubrió que junto a los órganos también los retrovirus endógenos porcinos y que son precisamente los que son de los problemas ocasionales.

Uno de los mejores polvos de los nuevos xenoinjertos es que, finalmente, necesitamos la tecnología para “arreglar” estos órganos y convertirlos en elementos seguros. ¿Qué le hace al paciente un citomegalovirus porcino (causó el trasplante o no)? Es la pregunta ahora que vamos a resolver el problema. Sobre todo, porque sabemos que la tecnología es segura.

Nuevo, el fantasma de Gelsinger. No es la primera vez que un caso de bulto no tiene nada que ver con la tecnología en cuestión acaba de descender un desfile de décadas en una línea de investigación. Dejamos mucho tiempo buscando el «santo grial» de los trasplantes y una revisión de este tipo puede ser una de las más notorias del año.

Imagen | Universidad de Maryland



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