Cómo se mide la temperatura de un volcán y para qué sirve hacer esto


En estos días decenas de científicos están trabajando para comprender cuándo y cómo terminará la gran erupción volcánica que comenzó el domingo 19 de septiembre en la isla de La Palma, la más noroccidental del archipiélago canario español, en el Océano Atlántico. Uno de los análisis que se realiza es el de la temperatura del volcán, pero ¿Cómo se lleva a cabo esta medida? ¿Para qué sirve hacer esto?.

Cómo se mide la temperatura de un volcán y para qué sirve hacer esto

La erupción se originó en la Montaña Rajada, en la cadena volcánica de Cumbre Vieja, que había estado inactiva desde 1971, y hasta ahora el flujo de lava ha destruido decenas de edificios y viviendas, sin causar heridos. El comportamiento de un volcán es bastante impredecible, pero existen diferentes tipos de análisis y medidas que ayudan a tener una idea de lo que podría suceder y cómo podría evolucionar una erupción.

Uno de ellos es medir la temperatura del volcán gracias a la termografía. A partir de esta medida y también al análisis de las fisuras de las montañas y el avance de la lava, los técnicos desplazados hasta Cumbre Vieja pueden saber cómo va a evolucionar la erupción del volcán que ayer además entraba en la que se ha denominado como «fase explosiva extrema».

De este modo, saber el calor del volcán sirve para que se puedan identificar nuevas bocas eruptivas y con ello, comprender de qué manera va a discurrir la lava.

Sensores infrarrojos para medir la temperatura del volcán

Para llevar a cabo la termografía del volcán se utilizan sensores infrarrojos, los mismos que se utilizan la visión nocturna. Gracias a esta tecnología se puede detectar el movimiento a partir del calor dado que cualquier objeto emite calor en forma de radiación. Gracias a dichos sensores los vulcanólogos son capaces de analizar el calor o la radiación emitida por las coladas de lava que van descendiendo así como los penachos que la montaña «escupe» hacia el exterior.

Con el uso de estos sensores sensores térmicos los vulcanólogos que se encuentran en la isla de La Palma son capaces de detectar la radiación infrarroja y la interpretan después en grados centígrados. Una vez hecho esto, los científicos de Involcan, se encargan de colocar en el mapa de la zona los puntos de temperaturas que se han obtenido. De este modo, al superponer los resultados que se van dando con la medición de la temperatura pueden pronosticar de qué modo va a ir evolucionando el volcán. Algo que les permite algo de «ventaja» con respecto a los acontecimientos que se van sucediendo aunque no se trate de un margen de tiempo demasiado grande; de hecho solo tienen un margen de 48 horas para lanzar sus previsiones. Más allá de esos dos días el margen de error es bastante amplio.

Según los expertos, estos mapas de calor son además un complemento a la información captada en el terreno por las cámaras termovisibles.

La evolución del volcán en La Palma

Desde el pasado 19 de septiembre el Volcán en Cumbre Vieja ha estado expulsando lava que ha superado los 1.000 grados de temperatura y que ha terminado por concentrarse en dos lenguas principales. La primera parece que se ha frenado, mientras que la segunda sigue avanzando a una velocidad de 4 metros por hora por lo que todavía podría tardar días en llegar al mar si es que finalmente llega.

Esto no significa para nada que el volcán haya disminuido su actividad. Según el cálculo que han realizado los expertos, se estima que en su interior alberga todavía 20.000 millones de litros de lava esperando para salir, lo que equivale a 2.000 piscinas olímpicas.

Hasta el momento la lava que ha expulsado el volcán ha arrasado con 400 edificaciones, 14 kilómetros de carreteras y más de 200 hectáreas, la gran mayoría, tierras de cultivo.



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