OPINIÓN: Abinader es un lujo de presidente

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EL AUTOR es periodista y abogado. Reside en Santo Domingo.

Hay un dicho popular que dice que «la verdad es un espejo roto», donde todos se ven en el que más les conviene. Por eso, a nadie le pueden sorprender las críticas al gobierno del Partido Revolucionario Moderno que encabeza Luís Abinader, sobre todo en un país donde todos los ciudadanos son expertos -sin haber estudiado- en béisbol, política, economía, salud, periodismo. , cine. , espectáculo y «rifa de resistencia», porque todo el mundo está jugando.

Por lo tanto, el gobierno no debe preocuparse demasiado por la postura adoptada en su contra por los partidos, sus líderes, las partes interesadas, los robots de los medios en los medios, incluidas las redes sociales, ni, como lo hace, responder a todas sus preguntas porque es su trabajo, por algo que ellos no tienen el poder de hacerlo, y también porque los hechos hablan más fuerte que las palabras y todas las críticas malsanas que reciben todos los días; en política, es el trabajo el que habla, no las palabras. El gobierno debe «tomar y partir». Critica a quien puede, no a quien quiere

Hay que tener moral para condenar al gobierno de PRM y al presidente Luís Abinader, quien, como sabemos, trabaja de lunes a lunes, a las 15.00 y las 16.00 horas. Personalmente, creo que Abinader es un lujo de presidente. Lamento que todo el país no entienda lo que están haciendo, por ignorancia o malicia, lo cual tampoco es extraño porque la naturaleza humana no está hecha para el reconocimiento.

Si sopesamos el primer año de gobierno de Luís Abinader y el PRM, tendremos que decir -sin miedo a lo que diga la manada mediática- que fue muy positivo a pesar de llegar al poder en medio de la crisis económica y el Crisis del sistema de salud global que ha llevado a la ruina de miles de negocios de todo tipo, la pérdida de millones de puestos de trabajo, que ha cobrado la vida de millones de personas y millones de infectados, con enormes costos económicos en términos de salud pública. El turismo se ha derrumbado, uno de los pilares de nuestra economía, nuestra industria, etc. Fue en medio de esta crisis global que Luís Abinader llegó al poder. Y otra cosa: los gobiernos del PLD han dejado el país en ruinas después de habérselo robado. (La mayoría de sus líderes, ahora y en el pasado reciente, deberían hablar desde la cárcel)

Reanudar la economía, el empleo, el turismo, la salud, la seguridad de los ciudadanos, la certeza jurídica de la inversión extranjera, enfrentar seriamente la corrupción, mientras lidiar con éxito con la pandemia de coronavirus, ha fracasado fue una tarea fácil. Salvar el año escolar no fue fácil.

La reconstrucción del país en términos de carreteras (calles, carreteras, puentes, elevaciones, etc.) tampoco fue fácil. Y todavía queda un largo camino por recorrer. No olvidemos que Abinader encontró un país devastado por los vicios y la corrupción. La creación de una fiscalía independiente no fue posible a pesar de los esfuerzos del presidente Abinader. No ha sido fácil. El sistema de justicia es un retroceso para la justicia misma y para el fortalecimiento de la democracia.

No reconocer estos logros es odioso, es típico de la mediocridad. Somos uno de los pocos países del mundo en tener un gran éxito en la lucha contra el covid-19, reconocido por organismos internacionales. Obtener las vacunas, vengan de donde vengan, para inmunizar a toda la población ha sido un logro y un sacrificio económico, porque el presidente Abinader ha dado prioridad a la salud, la vida. Miremos a nuestro alrededor: Estados Unidos, Brasil, Haití, Cuba, Puerto Rico, Venezuela, Nicaragua, etc. En todos estos países, la vacunación plantea serios problemas. Lo que ha hecho el presidente Abinader con el coronavirus, insisto, ha sido un logro impensable.

2020 ha sido un año muy difícil, muy duro. Todos hemos perdido a un ser querido. Salir de la crisis económica y sanitaria es un logro extraordinario. No reconocerlo es un villano. ¡Caballeros!

Un país no se hace en cuatro años, ni en ocho; un país se construye durante un proceso largo, a veces violento y doloroso. ¡No es fácil! En manos del PLD, República Dominicana no era un país, era una pocilga horriblemente corrupta.

JPM



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