«Las políticas de Bolsonaro son las que han causado este número de muertes»


Con más de 300.000 muertes a lo largo de toda la pandemia y un pico de fallecidos en un solo día de 3.251 el pasado martes, Brasil se ha convertido en el centro mundial de la pandemia. Su previsión, nada esperanzadora, choca con las políticas y la actitud de su presidente, Jair Bolsonaro, que continúa sin aplicar fuertes medidas de contención.

Brasil necesitó casi once meses para sumar las 200.000 primeras víctimas; sin embargo, desde el 7 de enero hasta ahora han fallecido otras 100.000 personas, en sólo dos meses y medio. Mientras tanto, los gobernadores de los Estados brasileños tratan de sacar adelante políticas que ayuden a frenar la pandemia, muchas de ellas recurridas ante la justicia por el propio Bolsonaro.

«Lo más importante ha sido la mala visión desde el Gobierno central. Desde el inicio Bolsonaro tuvo una visión negacionista, desmitificó la fuerza de la pandemia, no asumió políticas centralizadas», explica a 20minutos Pablo Biderbost, profesor de relaciones internacionales de la Universidad Pontificia Comillas y experto en América Latina.

Situación de extrema gravedad

El agravamiento de la situación confirmó que Brasil enfrenta una segunda ola de covid mucho más virulenta y letal que la primera, en parte causada por la circulación en el país de nuevas cepas del virus, entre las cuales está la llamada variante brasileña.

El aumento de los contagios y las muertes tiene a gran parte de Brasil al borde de un colapso hospitalario, ya que en 25 de los 27 estados del país la tasa de ocupación de las unidades de cuidados intensivos (UCI) supera el 80%.

«Las políticas de Bolsonaro son las que han causado este número alocado de muertes«, dice Biderbost, que añade que el presidente brasileño «tiene una conducta errática y su abandono frente a la ciencia ha sido notorio y real».

Según un estudio divulgado este miércoles por la Universidad Federal Fluminense (UFF), Brasil puede llegar a 5.000 muertes diarias por la covid a finales de abril o comienzos de mayo, cuando estará en el pico de la nueva ola de la pandemia.

Desabastecimiento

A esta complicada situación se le suma el temor a un desabastecimiento. El motivo principal es la escasez de sustancias que se usan para los pacientes con cuadros graves de covid-19. Es lo que se conoce como el «kit de intubación», que incluye oxígeno, analgésicos, sedativos y bloqueadores neuromusculares, entre otros medicamentos.

El problema radica en la cada vez mayor  saturación de los hospitales, lo que ha provocado que empiecen a escasear estos insumos médicos de vital importancia. El Frente Nacional de Alcaldes, que agrupa a los dirigentes municipales brasileños, advirtió que en al menos 76 ciudades las reservas de oxígeno están cerca de agotarse.

A su vez, la cuestión de la vacunación es de vital importancia, algo que en el pasado Bolsonaro llegó a cuestionar. A pesar de seguir defendiendo el tratamiento precoz, aunque sin citar los medicamentos que siempre abanderó como la cloroquina -sin comprobación científica de su eficacia-, ahora Bolsonaro ha pasado a un discurso favorable a las vacunas y ha garantizado que el país tendrá en el segundo semestre las 500 millones de dosis necesarias.

¿Está Bolsonaro abandonando su discurso negacionista?

Tras convertirse en el segundo país con más contagios y muertos del planeta, solo por detrás de Estados Unidos, parece que Bolsonaro ha rebajado sensiblemente su discurso. Según Biderbost, «hay una reacción puramente estratégica para salvarse a sí mismo y por otro lado puede estar entendiendo que si no cambia su modo de proceder en relación con la pandemia su país se hunde también económicamente».

Trece meses después del primer positivo registrado en Brasil, el pasado miércoles Bolsonaro compareció junto con los titulares de la Cámara de Diputados, Senado y del Supremo Tribunal Federal, así como con representantes de los gobernadores y el nuevo ministro de Salud, Marcelo Queiroga, para anunciar la creación de un comité nacional junto con el Congreso y el Tribunal Supremo para combatir la covid-19.

El nuevo ministro de Salud parece traer un discurso algo más moderado que el de Bolsonaro. En su presentación como ministro pidió un «voto de confianza» y se comprometió a enfrentar la covid-19 con «prácticas científicas». «Asumo el compromiso a corto plazo de aumentar la velocidad de la vacunación» y llegar a «un millón de personas por día», frente a las 300.000 que tienen acceso hoy, declaró.

A diferencia de Bolsonaro, el ministro cree que «el uso de mascarillas es fundamental, así como el distanciamiento social». Queiroga es el cuarto ministro de Salud en los tres años que lleva Bolsonaro en el poder. «Cuando alguno se salía del molde de lo que él creía venía un cambio o una renovación del puesto», recuerda Biderbost, que ironiza con que «Bolsonaro porta una ‘ametralladora’ y comienza una batalla con todo aquel que ose criticarle».

Un año decisivo

Todo este ‘aparente’ cambio de postura llega en momento donde la reelección de Bolsonaro parece en el aire. A la crisis provocada por la pandemia y agravada por su política se le une la salida de la cárcel el pasado ocho de marzo del expresidente brasileño Lula da Silva.

Biderbost asegura que «Bolsonaro ha perdido popularidad y habrá que ver cómo reacciona el establishment neoliberal». La posible postulación de Lula como candidato a la presidencia en 2022 podría trastocar los planes de Bolsonaro, cuya imagen ha salido tocada a causa de la pandemia.

Mientras tanto, si no se aplican cuanto antes las políticas de contención del virus, Brasil seguirá incrementando masivamente el número de fallecidos por la pandemia. Ya sea por puro electoralismo o por darle un vuelco a la situación sanitaria, Bolsonaro afronta unos meses decisivos de cara al futuro de los ciudadanos brasileños.



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