Birmania sufre un golpe de estado militar que frena sus avances democráticos y da paso a una nueva dictadura


Birmania vuelve a estar controlada por los militares. El país asiático, fronterizo con China y Tailandia entre otros, no logra culminar su proceso de adaptación a un sistema más democrático. Así se ha demostrado este lunes, donde el ejército ha decidido dar un nuevo golpe de estado, deteniendo a los principales líderes y miembros del partido gobernante, la Liga Nacional para la Democracia (NLD). 

Entre las arrestadas está la premio Nobel de la Paz, Aung San Suu Kyi, una de las personas clave en la transición democrática y al mando del gobierno. Así, Birmania llevaba desde 2011 sumida en un proceso de cambio de régimen tras permanecer casi medio siglo bajo el mando de una dictadura militar. El ejército decidió establecer unas nuevas reglas de juego, manteniendo cierto control pero celebrando diversas elecciones en los últimos años, hasta que las que se produjeron el pasado noviembre no convencieron a militares. 

Sin demostrar ningún tipo prueba, -al estilo de Donald Trump- el ejército denunció que se había producido fraude electoral y que esos comicios no podían ser válidos. Por este motivo, el ejército ha decidido imponer su fuerza, encarcelando al gobierno actual y nombrando uno sustituto, que promete celebrar «unas elecciones generales libres y justas».

Para Mario Esteban, investigador principal de Asia-Pacífico del Instituto Elcano, lo sucedido tiene un mensaje claro: «Las Fuerzas Armadas quieren seguir siendo un actor político central. No van a permitir un gobierno que no esté tutelado por el ejército», declara a 20Minutos

El golpe ha contado con la necesaria colaboración del hasta ahora vicepresidente, el exgeneral Myint Swe. Tras el arresto de los miembros del gobierno, Swe, en calidad de presidente interino, ha transferido todo el poder al comandante en jefe del ejército, Min Aung Hlaing, quien ha declarado un estado de emergencia durante un año. 

Una barrera militar bloquea la carretera que se dirige al parlamento, en Naypyitaw (Birmania).
Una barrera militar bloquea la carretera que se dirige al parlamento, en Naypyitaw (Birmania).
EFE

Un golpe anunciado que da paso a una nueva dictadura

Una de las mayores sorpresas de lo sucedido en este país asiático es que los militares anunciaron que iban a dar el golpe de estado. No fue de una manera explícita, pero fueron claros el 26 de enero cuando un portavoz militar se negó a descartar la toma del poder por parte del ejército, tras las denuncias de supuestas irregularidades en las elecciones. 

«El ejército entiende que no es conveniente el modelo de junta militar, que ya fracasó, pero tampoco van a permitir que Birmania se convierta en un país democrático completamente, por lo que parece que su apuesta es la de un gobierno civil supervisado por las fuerzas armadas», declara Esteban. 

El experto recuerda que no se debe olvidar que en noviembre, y a pesar de la pandemia, «cerca del 70% de la población se movilizó para votar y apoyó masivamente a la Liga Nacional para la Democracia, mandando un mensaje contundente». Sin embargo, ahora lo que se ha producido es una «respuesta también contundente» de las fuerzas armadas, marcando claramente una «línea roja», y es que no quieren perder el poder. 

De esta manera, a pesar de que el ejército se ha dado un plazo de un año para celebrar unas elecciones libres, no hay nada afianzado. Parece que se abre un nuevo periodo que recuerda a los años de dictadura previos al 2011. Además, el plazo de un año es muy relativo: «En Tailandia, con una situación similar, la junta militar se dio un año y al final estuvo cuatro. Nadie les puede echar y esto es clave», recuerda Esteban. 

Soldados sacan equipo de un camión militar, cerca del Ayuntamiento de Rangún (Birmania).
Soldados sacan equipo de un camión militar, cerca del Ayuntamiento de Rangún (Birmania).
EFE

Una acusación de fraude electoral sin pruebas y la vuelta a prisión de Suu Kyi

El pasado 8 de noviembre la Liga Democrática obtuvo el 83% de los escaños disponibles, lo que significaba una victoria sin paliativos. Suu Kyi paso a estar al mando del gobierno a pesar de no ocupar el cargo como tal. Sin embargo, vistos los resultados, desde el ejército empezaron pronto con las acusaciones de fraude. Las pruebas para demostrarlo no han llegado y no se espera que lo hagan, por lo que todo apunta a que ha sido la excusa perfecta para dar el golpe de estado.  

Respecto al papel que puede jugar ahora Suu Kyi, «la mayor labor que hace actualmente es la de visibilizar lo que sucede en Birmania fuera de sus fronteras. Su repercusión internacional es su mayor baza, porque dentro del país las fuerzas armadas son las que marcan el ritmo y detenida tiene poca capacidad de actuar», señala Esteban. 

Suu Kyi se ha dirigido a la población tras ser encarcelada y les ha pedido que «resistan con firmeza y protesten contra el golpe dado por los militares». Este mensaje conlleva cierto peligro en un país como Birmania, según confiesa el investigador de Asia-Pacífico: «El resultado de un levantamiento ciudadano podría ser muy duro desde el punto de vista de la represión, porque la capacidad de control del ejército es muy grande y no dan la sensación de división».  

Los países asiáticos guardan la distancia y desde Occidente se condena con dureza

La visión internacional de este conflicto es muy variada. Algunos países fronterizos como China y Tailandia se mantienen equidistantes y no hablan de golpe de estado. Abogan por una solución que contente a las dos partes y que no desencadene en un conflicto civil que desestabilice la zona. Sin embargo, la India sí ha condenado lo sucedido y Japón ha pedido la liberación de los presos. En cualquier caso, miran desde lejos y se descarta que actúen más allá de declaraciones simbólicas. 

En el lado contrario están las potencias occidentales. Estados Unidos no ha tardado en reaccionar y la recién estrenada administración Biden ha señalado que «tomará medidas contra los responsables si estos pasos no se revierten». En la misma línea se ha manifestado Reino Unido, pidiendo la liberación de los responsables. Así, se han sumado también líderes de la UE y la ONU. 

Por último, respecto a las medidas que pueda tomar Estados Unidos u otro actor internacional para mejorar la situación de Birmania, Esteban explica que «la intervención en el país es muy improbable, pero sí se espera una campaña de presión diplomática para liberar a los presos». 

De cara al futuro de Birmania, los escenarios están abiertos bajo el estado de emergencia declarado por el ejército. Sin embargo, «con la pandemia presente, les va a ser más fácil aplicar medidas represivas y de control de población. Por lo que la coyuntura es propicia para el control militar». Además, la gran cuestión es «qué margen les queda a las fuerzas armadas para establecer un sistema de apariencia democrática, pero donde ellos tengan el control del poder», concluye el experto del Instituto Elcano. 



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