Union Saint-Gilloise: el último milagro del fútbol europeo en ‘La pequeña España’ de Bruselas


No es extraño caminar por Bruselas y encontrar pistas de presencia española, como el restaurante Llanes o el inequívoco bar Olegario. Fueron muchos los trabajadores que en los años 50 y 60 atravesaron Francia para ir a parar a la Gare du Midi de Bruselas en busca de un futuro mejor. Muchas de estas reminiscencias de la inmigración española de décadas pasadas se concentran en lo que fue La pequeña España, la comuna de Saint-Gilles.

Y en ese barrio del sur del corazón de Europa se está gestando el último milagro del fútbol continental. El que fuera hogar de aquellos emigrantes es también la casa de la Royale Union Saint-Gilloise, el sorprendente líder de la liga belga, un equipo que logró este verano el ascenso a la máxima división 48 años después y que, con una de las plantillas más modestas de la competición, ocupa el primer puesto de la tabla por delante de los habituales dominadores Brujas, Genk o el vecino Anderlecht.

Con un juego alegre, el Union es el conjunto máximo goleador y el menos goleado. Sus dos delanteros son sus máximas estrellas: el alemán Deniz Undav suma diez goles y ocho asistencias en 14 jornadas y el joven talento belga Dante Vanzeir ha marcado nueve tantos y ha regalado cinco, lo que le ha servido la llamada de Roberto Martínez, quien le hizo debutar con la selección nacional ante Gales este martes.

«Los jugadores del equipo campeón en segunda división se han quedado y es un grupo sólido con jugadores talentosos y un entrenador familiar con experiencia. Eso, y un sistema deportivo con un scouting intensivo, un reclutamiento que presta atención a los perfiles y comportamientos de los jugadores», cuenta a MARCA Maarten Verdoodt, director de comunicación del club, sobre las claves de este éxito inesperado.

El Union Saint-Gilloise, gran dominador del fútbol belga en los inicios del siglo XX

El Union Saint-Gilloise, gran dominador del fútbol belga en los inicios del siglo XX

Pero lo realmente excepcional de lo que sucede en el Parc Duden no ocurre sobre el césped. Y ya es difícil, porque hablamos de un recién ascendido que va líder. Es lo que se vive en la grada. En la tribuna del Union confluyen aficionados de todas las nacionalidades y ocupaciones. Entre ellos, un bético que ocupa un asiento en el Parlamento de Bruselas. Juan Benjumea Moreno, miembro de Groen, partido ecologista, es un habitual del centenario estadio.

«Cuando me mudé a Bruselas un amigo me dijo: ‘Juan, tienes que ir al Union’ y me encantó. Venía el Amberes y le cantaban ‘Allez Amberes, canta con nosotros‘. Como el ‘Hola Gol Norte, hola Gol Sur‘, pero con la afición rival, que es una cosa muy rara. Y venían los jugadores del otro equipo a saludar». En el Joseph Marien no hay insultos, no hay cánticos contra el rival. El rival es un invitado a casa, a la fiesta del fútbol. Y si hay, se censuran: «Una vez el Union jugó contra el Standard de Lieja y vino un montón de gente del Anderlecht para insultar a la gente del Standard y los ultras del Union se enfadaron y dijeron que no fueran más, que aquí no se canta contra el contrario. Otro día contra el Molenbeek querían cantar ‘Las ratas de Molenbeek’ y los ultras les pararon y les dijeron que no se cantaba contra el contrario».

«Los aficionados y la atmósfera que se crea entre ellos… esa es la verdadera fuerza del club. Son aficionados que cantan para su equipo y nunca pitan a los oponentes. Es una actitud que adoran otros clubes y los aficionados al fútbol», dice Verdoodt. Y está calando. Las aficiones rivales empiezan a recibirles con pancartas de bienvenida y cánticos de ánimo en sus partidos fuera de casa.

La grada azul y amarilla del Joseph Marien.

La grada azul y amarilla del Joseph Marien.Getty Images

La filosofía no es nueva y acompaña al equipo desde épocas peores que la actual. «Cada vez que les metían un gol cantaban todavía más. Hasta este año era sorprendente, es un equipo que no iba bien, que ha estado en segunda, que se ha salvado del descenso porque otros equipos no tenían papeles… y tú ibas allí y parecía que el equipo ganaba la Champions cada semana», cuenta Juan.

«Y cuando viene un jugador extranjero se le acoge, a Federico Vega (ex de Alcorcón, Murcia y Lorca) la gente le sacaba la bandera argentina y le cantaba «Dale Federico, dale» y tenemos uno de Madagascar (Loïc Lapoussin) y la gente ha aprendido a decirle «buena suerte» y se lo dicen desde la grada en su idioma». El hogar de acogida del Union, tanto en el césped como en la grada, hace parecer al equipo más una familia que una empresa, dice Juan Benjumea: «En la tribuna proletaria, que es donde están los hinchas más fuertes, pensaba que habría peleas o algo pero nada. He ido con mi hijo, además tienen una zona en el exterior de la tribuna por si vas con niños y quieres estar más tranquilo. Y hay muchísimas familias con niños».

Aunque el ambiente familiar en el club se lleva, a veces, al extremo. Tanto como para que el presidente suelte confidencias en plena fiesta. «Un año se salvó el equipo del descenso en el último minuto porque el portero paró un penalti en un partido fuera de casa, en Tubize. Volvimos a nuestro estadio a celebrar que el equipo se había salvado, con todos los jugadores y el presidente en medio de la fiesta dice «He vendido el equipo» y no lo sabían ni los jugadores ni nadie. Le dijimos que si estaba contento de haberse salvado y nos sale con que ha vendido el equipo. En el club lo desmentían, decían que dónde te lo sacabas y decías «nos lo ha dicho el presidente».

Y lo había vendido. En mayo de 2018, el inversor inglés Tony Bloom (dueño también del Brighton) compró con un consorcio el Union, pero la estructura y la gestión es totalmente independiente. «Es un proyecto a largo plazo gestionado por nuestro presidente Alex Muzio. Es inversor y presidente a tiempo completo. Tony Bloom no está involucrado en las decisiones. Las toman el CEO, Philippe Bormans, el director deportivo Chris O’Loughlin y el presidente», aclara Verdoodt.

Los jugadores celebran el campeonato de segunda.

Los jugadores celebran el campeonato de segunda.GettyImages

Un nuevo proyecto que contrasta con épocas no tan lejanas en los que sus futbolistas no eran profesionales y debían desempeñar empleos paralelos a los partidos. «Uno instalaba puertas y fue a casa de un amigo mío que era fanático del equipo y le dijo ‘Pero si tú eres el lateral izquierdo’ y había otro que trabajaba en el servicio verde del ayuntamiento, le veías cortando los arbustos en el parque», cuenta Juan.

¿Y qué hace un bético en el Parlamento de Bruselas?

Juan Benjumea Moreno es, además de aficionado al Union Saint-Gilloise, bético y miembro del Parlamento de Bruselas. Desde Sevilla hasta las gradas y el escaño hay un paseo que hay que explicar. «Yo me fui en 2009 justo después de la Selectividad, vi muy poco futuro en España y mis padres conocían gente que había estudiado aquí y buscando dice ‘Me voy a Bélgica’ y yo de Bélgica conocía poco, que el Betis jugó una vez contra el Anderlecht en Champions. Hice la carrera en Lovaina de derecho, estuve en Berlín de Erasmus, en Amberes trabajando de abogado, en Gante dando clases de derecho y al final me mudé a Bruselas. Me hice miembro del partido ecologista por amigos, me interesaba su forma de hacer política. Pero miembro sin más. Y en 2019 había elecciones y me pidieron estar en la lista y en las primarias salí el tercero. Y acabé en el Parlamento. No conocía mucho la ciudad y cuando hice campaña la gente me reconocía del fútbol, ‘Yo te conozco que vienes en el autobús con nosotros’ y los dos mundos se reunían ahí».

¿Ha quedado algún sedimento de la inmigración española en la zona?. Maarten Verdoodt cree que sí: «Definitivamente tienen una influencia en el equipo. Hay muchos aficionados españoles e italianos en nuestro club. La gente que viene de todas partes de Europa hace del Union su club, incluso tenemos una peña en el barrio europeo». Una peña de la que forma parte nuestro diputado bético: «Aquí no tenían peñas reconocidas, había una peña clásica que montaron italianos al estilo de los Celtic Bhoys, los Union Bhoys. Y ahora hay mucha gente de Bruselas y de fuera de Bruselas, el Union cada vez tiene más aficionados de fuera de Bruselas. Y la nuestra, de aficionados europeos, que somos españoles, alemanes, chipriotas, griegos, turcos… hay de todo».

Pero a pesar del ambiente multicultural, la belgitude se apodera también del club, que tiene su casa… fuera de Saint-Gilles, en el término cercano de Forest. En el Joseph Marien, antiguo estadio de La Butte, fue donde jugó España el primer partido de su historia, el 28 de agosto de 1920, frente a Dinamarca. Y es allí donde, tras cada victoria de la Union, se escucha el cántico que inician los jugadores desde el verde y que acaba retumbando en las gradas:

«Bruxelles, Ma ville, Je t’aime, Je porte ton emblème, Tes couleurs dans mon coeur, Et quand vient le week-end, Au parc Duden, Je chante pour mon club, Allez l’Union»





Fuente

¡Aviso de Facebook para la UE! ¡Necesitas iniciar sesión para ver y publicar comentarios de FB!