Dinero ruso, ‘moral’, Premier, F1, Juegos, Mundiales… ¿Nos damos cuenta ahora?


La guerra es siempre tragedia. La invasión de Ucrania por Rusia, por supuesto, también: no hay más que ver las noticias pero, sin embargo, también a veces en medio de la guerra y la tragedia encontramos oportunidades, hechos o dichos, que nos pueden mover a risa. Un ejemplo son las palabras de hace no mucho de Liz Truss, la ministra británica de Exteriores, cuando reclamaba que la UEFA retirara a

San Petersburgo

la organización de la final de la

Liga de Campeones

.
Claro que la risa, o sonrisa, que nos pueden causar esas palabras, son forzosamente de menor calibre que las causadas por la misma protagonista y algunos miembros de su gobierno cuando declararon enfáticamente que se les va a retirar

a los ‘oligarcas’ rusos que viven en Gran Bretaña

algunas -no todas- de las ventajas legales y fiscales de las que mucho tiempo gozaron a cambio de llevar dinero a la City y sus conglomerados financieros. De los

paraísos fiscales

ubicados en lugares que fueron parte del

Imperio Británico

no diremos nada por si acaso hay querellas, que no tenemos el bolsillo para grandes sustos. Sí citaremos, en cambio, que británicos y alemanes dudan mucho en implantar una sanción económica que para Rusia sería muy temible -la

expulsión del sistema bancario SWIFT

– porque

a ellos también les haría pupa

, vamos.

Porque ni mistress Liz ni ninguno de sus compañeros de gobierno han dicho nada, ni hoy en días previos,

sobre el tiempo que llevan esos ‘oligarcas’, de cuya naturaleza se han debido dar cuenta ahora, disfrutando de esos privilegios y prebendas

. Una legislación -también tenemos en España nuestra versión- que permite que estas personas, protegidas por sus millones, hayan estado, por ejemplo, a salvo de la chapuza antimigratoria que ha sido y es el Brexit.

El dinero no huele a nada»

Vespasiano, emperador de Roma

Es ahora, parece, cuando se han dado cuenta de quienes son esas gentes y a qué compromete ese dinero. Un dinero que lleva ya tiempo corriendo por las venas del ‘sistema’. Por ejemplo, de la

Premier League

que presume de ser la mejor y más rica Liga del mundo. Se nos viene a la cabeza

Guy Ritchie

cuando en una película habló de los vínculos de la mafia británica con un empresario de origen ruso que era propietario de un club de fútbol y pensamos que quizá este estuviera mejor informado que su gobierno, pero en fin…
El hecho es que el fútbol, y el deporte en general, lleva un tiempo

necesitando dinero y más dinero

en la estela de la teoría económica de momento en boga: la del

crecimiento constante

. Y de momento ha aplicado la teoria de

Vespasiano

. Este emperador instaló

urinarios

en las vías públicas de Roma poniendo precio por usarlos y multa por no usarlos. Cuando se le dijo que ese sistema era indigno sacó un sestercio, se lo puso bajo las narices al crítico y le dijo «el dinero no huele a nada».

Lo sabíamos y lo sabemos:

Los Mundiales son muy caros. Los Juegos Olímpicos son muy caros

. Y sobre todo si se pretende, se diga o no, que cada edición sea mejor que la anterior. También si los clubes profesionales quieren que cada fichaje sea más brillante que el anterior y que cada año se inaugure un estadio nuevo, o cosa similar. Cada vez hace falta más dinero, y por lo tanto hay que buscar a quien tenga ese dinero y lo quiera gastar en ello.
El deporte tiene la suerte de que

es un excelente medio de propaganda y legitimación

, al menos superficial, y por eso personas y entidades que

necesitan propaganda o legitimación

de este tipo meten allí todos los recursos que pueden ¿Que de dónde sale el dinero? Les digo lo que Vespasiano, que el dinero no huele a nada.

Entre el deshonor y la guerra escogísteis el deshonor. Ahora no tenéis honor y también tenéis la guerra»

Winston Churchill, primer ministro del Reino Unido

Rusia, China, los países del Golfo Pérsico no son, podría decirse, asimilables a los sistemas político-sociales que llamamos demócratas y respetuosos con los derechos humanos, pero

se hartan de organizar competiciones internacionales

y de

inyectar dinero en las locales que pueden rendirles

más réditos. En general, los seguidores de los clubes se ponen muy contentos cuando un ‘inversor’ o un jeque meten dinero en su club y tampoco se preguntan de dónde sale el dinero pero, como de vez en cuando sucede -a la larga, es siempre- la realidad se acaba imponiendo y,

entonces, hacen que se caen del guindo

y se dan cuenta de que hay gente que no tiene escrúpulos de conciencia para alcanzar sus fines.
Es lícito querer dinero. Es lícito alegrarse si te organizan un Mundial o te fichan un crack. Pero darte cuenta de que a lo mejor no sólo han comprado al crack

sino que también te han comprado a tí

sólo cuando te vienen mal dadas igual es también es lícito. Pero es ridiculo.

Quizá, para esos casos, sea mejor la actitud del capitán

Renault

en una de las mejores escenas de la historia del cine: En un momento de ‘

Casablanca

‘ el cínico policía, colaboracionista con el III Reich y cuya voluntad está en venta permanente, le cierra a Rick

Blaine

(Bogart) su casino ilegal. ¿Por qué? Porque

ha descubierto que allí se juega

, le dice mientras se embolsa sin inmutarse las ganancias del mismo que un servicial camarero le trae.
Señoras, señores.

No nos tomen por tontos

diciendo que se dan cuenta ahora de lo que pasa, porque igual podemos citar a Churchill: «entre el

deshonor

y la

guerra

elegisteis el deshonor. Ahora no tenéis honor y también estáis en guerra».





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