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Brit Marling, showrunner de ‘The OA’: “Es muy raro hacer realismo mágico desde los Estados Unidos. Pero creo que lo necesitamos para sobrevivir”

Brit Marling, showrunner de 'The OA':

Cuando conoces algo que es extraordinario, que sientes que va a marcar la vida de la gente durante muchas, muchas generaciones, que va, en fin, a perdurar, es mágico. Yo siento exactamente eso con 'The OA'. Esta serie, que arrancó silenciosamente en 2016, cuando Netflix aún llevaba pañales (¡hace solo tres años!) a nivel mundial, creo que va a ser la gran obra audiovisual por la que se recuerde la plataforma en el futuro. Creo que es la 'Twin Peaks' del siglo XXI. Creo que va a llegar allí donde 'Perdidos' lo intentó y fracasó.

Es imposible, salvo que uno sea un desalmado, hablar de 'The OA' sin romper su hechizo; porque lo que ocurre en su primer episodio, a 50 minutos de su arranque, y lo que ocurre en su escalofriante y maravilloso desenlace, y todo lo que viene entremedias de ambos clímax, es tan insólito, extraordinario y conmovedor que es necesario experimentarlo lo más virgen que se pueda. Escuchar a la oradora de Brit Marling en esta serie, la maravillosa Prairie, es un poco como tener la oportunidad de ser uno de los apóstoles de Jesús antes de que Jesús (o Buda, o Mahoma, o Gandhi) fuera Jesús.

Lo que sigue es una conversación con esa mesías millenial de nuestro tiempo que es Brit Marling, el rostro protagonista de ‘The OA’ pero también la showrunner y guionista principal de esta ambiciosísima serie que estrena su segunda temporada [de cinco ya planificadas desde el inicio] el próximo 22 de marzo. Una creadora de una voz tan dulce y reflexiva que uno podría escuchar durante horas y horas, como los personajes de ‘The OA’ la escuchan. Es un auténtico privilegio ejercer brevemente de su apóstol y compartir su verdad revelada.

Me gustaría empezar por la primera chispa de la historia que contáis en ‘The OA’ Zal [Batmanglij] y tú. ¿Cómo empezó todo? Porque es una serie de televisión mágica e imagino que las conversaciones en las que se gestó también lo fueron.

[Risas]. Lo cierto es que la relación creativa que tengo con Zal la definiría así: mágica. Creo que llevamos tanto tiempo haciendo cosas juntos que se siente como un lugar seguro y secreto; es un lugar en el que sentimos que nos protegemos mutuamente, y por ello somos capaces de asumir riesgos más salvajes, riesgos que probablemente no nos atreveríamos a asumir en solitario.

Cuando arrancamos ‘The OA’, creo que a ambos nos apasionaba el género mindbender [serían estas películas y shows que juegan con los límites de locura y realidad para hacer creer al espectador en lo imposible en un contexto realista; un par de ejemplos: ‘Big Fish’, ‘Man from Earth’ en películas o la reciente ‘Maniac’ en series, también un original de Netflix]. Pero el mindbender en cine tiene un problema: te pasas una hora estableciendo las reglas de tu universo y luego solo puedes jugar en él otra hora más. Y luego nada, ¡todo el mundo a irse del cine!

La mezcla constante de géneros es una de las características de ‘The OA’.

El caso es que nosotros estamos viviendo una era de cambio radical en el negocio de distribución del cine. Para creadores independientes como nosotros, era cada vez más y más difícil conseguir salas; conseguir un público. Casi todo el cine ha derivado en franquicias que tienen un atractivo de marketing previo al lanzamiento. Al mismo tiempo, surgió la narrativa en streaming y este fue un espacio que a Zal y a mí nos intereso muchísimo desde el principio por la longitud del formato. Potencialmente, nos daba la oportunidad de abordar el mindbender definiendo sus reglas durante muchas, muchas horas y luego pudiendo jugar dentro de esas reglas durante otras tantas.

Zal y yo hablamos sobre vivir en este país, crecer en general, los traumas y cómo la gente se enfrenta a ellos. Prairie entró en el medio de todos estos temas, que se mezclaron como una tormenta.

Para nosotros, ‘The OA’ es como una tormenta. La Parte II es el crescendo de esa presión atmosférica que va elevando la tormenta. Zal y yo hablamos muchísimo sobre vivir en este país [Estados Unidos], sobre crecer en general, sobre los traumas y cómo la gente se enfrenta a ellos, como individuos y como nación. Prairie [su personaje y protagonista de ‘The OA’] entró en el medio de todos estos temas, que se mezclaron como una tormenta; y en el ojo de esa tormenta es donde la narrativa, creo, encuentra un lugar en el que sustentarse.

¡Con suerte, nos habremos convertido en mejores narradores según la contemos [risas]! Gestando la tormenta y guardando en el tarro de las maravillas alguno de sus relámpagos para compartirlo con el público. ¡Pero no es nada fácil [risas]! Hacemos lo que podemos con el tiempo y los recursos que tenemos.

Me fascina cómo la serie juega con las dos grandes dimensiones de lo narrativo: lo épico y lo íntimo. Y creo que lo hace tratando de romper la convención del viaje del héroe de John Campbell. Aunque Prairie sea una figura aparentemente mesiánica, a lo que parece apuntar ‘The OA’ es a una ruptura de los arquetipos del héroe y a un peso mucho más importante de lo colectivo.

Para creadores independientes como nosotros es cada vez más difícil conseguir un público en los cines. La cartelera ha derivado en franquicias que tienen un atractivo de marketing previo al lanzamiento.

¡Ay, Ángel! Es que acabas de decir literalmente lo que… ¡Esto no se lo había oído decir a nadie! ¡Nunca! ¡Y es una de las cosas por las que hemos luchado tanto y tan duro! Creo que el viaje del héroe, por más que lo aprecie narrativamente, ha hecho un poco de perjuicio [risas]; a nosotros, como colectivo [se refiere: a toda la humanidad]. Creo que fomenta un tipo de individualismo que es muy peligroso.

Constantemente buscamos a héroes o líderes que nos salven, en vez de creer en esos micro-movimientos dentro de pequeñas comunidades; los pequeños actos mundanos que provocan el nacimiento de movimientos que acaban provocando verdaderos cambios. Y creo que eso es porque está entretejido en nuestras narrativas; la incluimos sin ser conscientes de los impactos que va teniendo en nuestras vidas.

The OA Brit Marling es protagonista, guionista, ‘showrunner’ y productora de ‘The OA’.

Para nosotros, la pregunta era: ¿cómo podemos crear nuevos mitos? Mitos que valoren lo femenino tanto como lo masculino; mitos que valoren tanto la acción colectiva como la individual; esto nos llevó a la mezcla de géneros. En la Parte II tenemos una historia que es muy de cine negro. El detective y la, entre comillas, femme fatale. Y luego la historia del chico es como una road movie que se entreteje con la otra narrativa. Pero ninguna de esas historias es la historia de un héroe; lo que importa es la influencia que tienen unas tramas y personajes sobre los otros.

Luchamos contra estas cosas constantemente. Y creo que, cada vez que te separas del viaje del héroe estándar, estas asumiendo unos riesgos muy reales; porque el público, cuando la ve, reacciona de la siguiente manera: “¡Esto se siente muy diferente! Pero no sé por qué. ¿Qué están haciendo?”. Entonces, queda en tu mano encontrar otros lugares comunes que puedan usar de ancla para seguirte en el viaje. Por eso creo que nos atrae tanto lo de mezclar géneros.

La pregunta era: ¿cómo podemos crear nuevos mitos? Mitos que valoren lo femenino tanto como lo masculino; mitos que valoren tanto la acción colectiva como la individual

Creo que, dentro de una narrativa de género, puedes hacer muchas cosas cuando tomas prestados estereotipos de ese género, el detective que investiga un caso en San Francisco, y luego mezclas ideas rompedoras en el mito dentro de ese encuadre genérico. Les das ese asidero que le viene bien al público para tener una cierta familiaridad con lo que cuentas.

Pero me ha encantado escucharte hacer referencia a esto. Es algo en lo que ponemos mucho empeño y que hemos hablado muchísimo. No hay muchos modelos que seguir, ¿sabes? [risas]. Es una labor peligrosa y arriesgada ir a la contra del viaje del héroe.

Pero es tan necesaria… Necesitamos respuestas colectivas a los enormes problemas que tenemos. Tengo que reconocerte que lloré como un niño en la escena del baile que cierra la primera temporada. Encontrasteis una manera visual de expresar esa idea de una manera verdaderamente inolvidable. En ese momento, se percibe que la OA no es una mesías, sino una suerte de gatillo para activar lo mejor que hay dentro de esos personajes.

Ay, dios. Es tan bonito esto que me has dicho… ¿Sabes? Me estoy leyendo este libro alucinante que se llama ‘La fusión de estrategias’, escrito por una mujer; va sobre cómo construir movimientos y causas para el cambio. Una de las alegorías que usa es la de las bandadas de pájaros; no hay un líder; un par de pájaros lideran un rato y luego vuelven al colectivo y otros dos se incorporan. De esa manera, todo el mundo participa en mantener el curso al Norte.

Me pareció una metáfora tan bella… Hay tantos ejemplos en la naturaleza de mecanismos simbióticos en el que varias especies colaboran para el bien común, para operar como colectivo. Intentamos incorporar esta idea a nuestras narrativas. Y oírte hablar de ello es tan reconfortante, la verdad.

The OA Marling define el género de ‘The OA’ como mindbender, en referencia al papel que juega la mente de los personajes y sus creencias para forzar los límites entre lo fantástico y lo real.

Hay otro aspecto de la serie que me parece muy arriesgado. Cómo juega con el realismo y con el fantástico. Con creer y no creer. De hecho, como espectadores estamos en la misma situación que los cinco personajes que escuchan a ‘The OA’. Te quería preguntar por esto porque durante mucho tiempo hemos ligado casi exclusivamente la alta cultura con el realismo y la fantasía con algo infantil. Pero en el pasado siglo y en este hemos tenido múltiples grandes escritores que están mezclando estas dos cosas. Alan Moore o Neil Gaiman, por ejemplo, o Borges y García Márquez.

Acabas de citar dos de nuestros máximos referentes: Borges y Gabriel García Márquez. Encontrar esa veta de lo mundano que de pronto alberga lo épico. Otro ejemplo sería Miyazaki [Hayao]; te planta un personaje, una muchacha, en un mundo aparentemente vulgar y de pronto se vuelve extraordinario. Murakami lo hace también excepcionalmente; te está describiendo con un detalle absoluto cómo preparar un plato de tofu y luego el personaje dobla la esquina de un callejón y aparece en otra dimensión.

Es curioso, pero en América [Estados Unidos] ese tipo de ficción no es tan común. Creo que es porque nos cuesta aceptar que dos conceptos aparentemente opuestos puedan ser al mismo tiempo verdaderos. Creo que tiene que ver también por nuestro amor por el pragmatismo; nos encanta lo empírico, lo lógico, que lo único verdadero es aquello que puedes palpar, nombrar o contar.

The Oa Poster Cartel de la serie original de Netflix ‘The OA’.

Yo nunca he experimentado el mundo de ese modo. Pongamos que caminamos por un supermercado y estás ahí, comprando tus cosas. Si de pronto fueras a la trastienda, la luz y la atmósfera cambiarían y a lo mejor allí te encuentras a una persona especial. La vida, para mí, pasa de ser ridículamente aburrida y vulgar a extraordinaria en un instante. Creo que tanto Zal como yo vemos el mundo así. Por eso, cuando leo a Borges me siento reconfortada.

Creo que es importante hablar o aferrarnos a lo innombrable e inefable. Creo que la fantasía representa esto, el misticismo, el espiritualismo, el conocimiento intuitivo.

También me pasa con una maravillosa escritora coreana: Han Kang, la autora de ‘La vegetariana’. Ese libro también se mueve de lugares muy mundanos a significados sublimes y extraordinarios. Para mí… Es que creo que lo necesito para sobrevivir. Creo que es importante hablar o aferrarnos a lo innombrable e inefable. Creo que la fantasía representa esto, el misticismo, el espiritualismo, el conocimiento intuitivo. Y eso se mezcla con lo mundano, como por ejemplo cuando en nuestra serie vemos a un muchacho pegarle un puñetazo a otro en la garganta. La vida es una mezcla extraña de estos dos momentos.

Pero para gran parte de la audiencia norteamericana, esto es demasiado chocante. Están acostumbrados a recibir la fantasía dentro de espacios de ficción claramente codificados para ella. Puedes tener fantasía en una de Marvel; o en una de dragones, reyes, príncipes y princesas. Pero todo lo que representa al mundo real tiene que estar en otra codificación. No lo sé…. ¡A mí me gustan las fronteras, los bordes entre las dos cosas [risas]!

The OA El fantástico de ‘The OA’ surge de una manera extraordinaria e imprevista, como un milagro.

Creo que el tratamiento de puesta en escena que elegisteis ayuda a esto. Porque incluso cuando cambiáis de género hay una forma de usar la cámara y el primer plano, casi de cinema verité, que presenta las imágenes muy en crudo. Ese tratamiento ayuda a creérselas aunque de pronto haya elementos fantásticos.

¡Sí, sí! Lol Crawley, nuestro dire de foto, tiene un talento extraordinario. Cuando rueda cámara en mano, la opera el mismo. Y se mueve y actúa más bien como otro actor. Cuando estás en escena con él, interpreta como un actor. Se mueve, responde e improvisa; es como si bailara con los actores. Y creo que aciertas al decir el efecto que consigue; es como si realzara las emociones pero al mismo tiempo las mostrara muy verdaderas; y lo enmarca en el mundo que reconocemos.

Si consigues que el espectador reconozca esto como zona cero, y deslizarlo poco a poco a los otros elementos, casi como si cambiaras lentamente la temperatura de un baño, como en la escena de la resurrección con Homero y los cautivos, de alguna manera es como si transitaras esa senda con el público hasta creer que lo imposible es posible.

Creo que este es un ejercicio muy sano para la mente y el corazón. Estamos viviendo unos tiempos que son tremendamente caóticos; tantas cosas van mal… Es casi como si, como especie, los problemas que enfrentamos fueran imposibles. Hemos destruido el medioambiente, no hemos cuidado de nuestras ciudadanías… Es casi como si la situación te pidiera que exploraras los lados más salvajes de tu imaginario para aprehender formas de vivir, de concebir el mundo, en el que estos problemas se hayan resuelto.

Es casi como si, como especie, los problemas que enfrentamos fueran imposibles. Hemos destruido el medioambiente, no hemos cuidado de nuestras ciudadanías… Es casi como si la situación te pidiera que exploraras los lados más salvajes de tu imaginario

Lo dicho, creo que es un ejercicio sano. Ampliar tu capacidad para imaginar cosas realmente extraordinarias y no solo para aceptar lo que hay porque es lo que hay. ¿Por qué es lo que hay? ¿Por qué tratamos a nuestro planeta así? ¿Por qué el capitalismo funciona así? ¿Hay otros sistemas alternativos con los que podríamos funcionar? Este ejercicio estaba en el centro de lo que hicimos en la Parte I. Ya si tuvimos éxito o no, no lo sé [risas]. Pero lo intentamos.

Una breve, para terminar, ¿por qué ángeles?

Ay, qué buena pregunta… [pausa larga]. Parte de esta pregunta no puedo contestarla, porque sería estropear la narrativa y el efecto que debe hacer; así que me limitaré a contestar la que sí puedo. Creo que es útil imaginar que tenemos, dentro de nosotros, un ángel o una versión de nosotros mismos de una naturaleza mayor.

Incluso Steve, cuando golpea a su compañero en la garganta, está expresando una frustración: por heredar un mundo roto; por vivir asfixiado por el concepto de masculinidad norteamericana; por no saber qué hacer con todas las emociones que lleva dentro; por lo limitado del futuro. Su intersección con la narrativa de Prairie aflora unos sentimientos que no conocía sobre sí mismo. Y al final de la Parte II verás que su personalidad angelical se va expresando cada vez más.

Creo que es algo que todos podemos llegar a expresar. Permitirnos perseguir unos valores morales que, tal vez, no estén precisamente de moda [risas].

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Brit Marling, showrunner de ‘The OA’: “Es muy raro hacer realismo mágico desde los Estados Unidos. Pero creo que lo necesitamos para sobrevivir”

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por
Ángel Luis Sucasas

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