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Juana de Portugal: la reina olvidada

¿Quién fue Juana de Portugal? Esta figura algo olvidada por la historia merece cierto reconocimiento. Su figura fue relativamente fascinante, por eso la recuperamos en este artículo.

Nacida en 1439, no conoció a su padre, Eduardo, rey de Portugal, fallecido un año antes. Su madre fue Eleonora de Aragón, y su consorte el rey Enrique IV de Castilla, con quien se casó en 1455 siendo segunda esposa de este monarca, tras haber repudiado a Blanca II de Navarra después de 3 años de relación y alegaciones sobre matrimonio no consumado.

Pero lo curioso de Juana de Portugal fue su fascinante vida. Una mujer incomprendida para su época, hay quienes la consideran una figura ávida de poder, y otros una persona abandonada por su marido, a quien dio una hija también llamada Juana, pero que se la consideraba entre los corrillos de la rumorología como hija del Duque de Alburquerque, Don Beltrán de la Cueva, y que pasaría a la historia como La Beltraneja.

Se dice que Juana de Portugal quiso defender a capa y espada el camino hacia la corona de su hija, queriendo apartar de su madre enferma a los hermanos adolescentes de Enrique, su marido y rey.

Sin embargo, un descontento creciente entre los campesinos y los nobles castellanos les llevó a apoyar a Alfonso, uno de los hermanos de Enrique, intentando convertirlo en nuevo rey. Alegaron que era el heredero legítimo del trono, hecho al que se opuso con todas sus fuerzas Juana, que hizo uso de todas sus conexiones políticas para evitar tal acontecimiento.

Juana de Portugal y su vida plagada de polémicas

La polémica siempre fue la fiel compañera de Juana. Con cada día que pasaba, los rumores sobre sus encuentros sexuales fuera de su matrimonio llevaron a los nobles a negociar su destierro con Enrique, que estuvo de acuerdo con tal de mantenerse en el poder.

Tiempo después se desvelaría una aventura amorosa entre Juana y un sobrino del obispo, quedando la reina embarazada de gemelos. Y así fue como Alfonso llegó al trono como rey de Castilla, a pesar de que su reinado duraría solo dos años tras su muerte misteriosa.

Una vez más, Juana trató de situar a su hija en el trono, pero la portuguesa había perdido mucho poder entre las esferas nobles y fue Isabel quien accedió al poder y se casó con Fernando de Aragón, que pasarían a la historia como los Reyes Católicos, mientras que Juana de Portugal moría en Madrid alejada de las áreas de gobierno.

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